Ralentizar el tiempo
Últimamente me estoy fijando en cómo transcurren mis mañanas. Me despierto, me distraigo un rato con el móvil si todavía no tengo prisa por levantarme y, en cuanto pongo un pie fuera de la cama, comienza una secuencia casi automática de cosas que hacer. Una tarea detrás de otra, una pequeña obligación detrás de la siguiente, hasta que, sin darme apenas cuenta, ya es la hora de comer. A esto se suma algo que cada vez me llama más la atención: parece que mi cerebro está programado para buscar pequeñas distracciones placenteras cada poco tiempo. Un vistazo al móvil, algo de comida, cualquier estímulo que me proporcione unos segundos de satisfacción. Como si incluso en los momentos de descanso necesitase estar haciendo algo. Tengo muchas ideas sobre las que me gustaría escribir, pero últimamente me cuesta centrarme en una sola. Quizá porque todas acaban llevándome, de una forma u otra, a la misma cuestión: el tiempo y nuestra manera de vivirlo. La filosofía, que estoy empezando a estudiar ...