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Una noche cualquiera de otoño

 Apago la tele, este último capítulo de la temporada me acaba de dejar hipnótica y tengo ganas de ver el siguiente pero ya es hora de meterme en cama. Dejo la bandeja de la cena en la cocina, le doy un beso a Asha de buenas noches, me lavo los dientes y me hago mi pequeña sesión de yoga antes de meterme en cama. Normalmente leo hasta que se me cierran los ojos pero hoy tengo ganas de escribir un poco. Es extraño como la mente va razonando todo lo que te va pasando en el tiempo. Reaccionas ante los estímulos dependiendo de lo que has aprendido como normal hasta el momento. Parece muy intenso cuando lo vives y no le encuentras explicación pero según pasan los días, todo calma y parece que tiene sentido. No sé si el sentido que le doy es real o que mi mente intenta protegerse argumentando un porqué de las cosas. Estoy intentando calmar mi mente y no resulta fácil. Aprendo a aceptar esa inquietud constante y me voy poniendo distintos retos para ver si soy capaz de aclararme un poco más...

Un paso atrás para volver a estamparme o para dar dos hacia delante

Llámalo debilidad, llámalo cobardía o simplemente que necesitaba un momento de subidón en mi vida. Aunque fuera pequeño pero que me hiciese subir de pulsaciones y sentirme un poco más viva. Me cuesta tanta sensación de calma, silencio y aburrimiento. No saber si lo que hago es para distraerme de mi inframundo o si realmente me ayuda a conectar con él. Qué es lo que me apetece hacer para vivir el momento presente.  Son tantos los pensamientos cuando tienes tiempo para atenderlos... Cómo dejar el pasado atrás y crear un nuevo camino sin que se vea influido por la melancolía. Supongo que como todo... tiempo... Hasta qué punto sanamos cuando nos regocijamos en encontrar más información que nos haga comprender el pasado para mejorar el futuro.  Cómo puedo ser capaz de seguir adelante con una decisión tomada sin que mis hormonas alteren el estado de calma proponiéndome algo que me gusta tanto... que es... la impulsividad. No me he llegado a arrepentir nunca de mi impulsividad porque...

Otoño minimalista

Cuando salí hoy del estudio tuve la suerte de que había parado de llover.  Tuve un día intenso con cinco clientes que una vez más llenaron sus sesiones con experiencias de vida, y yo como siempre, escuchando con una sonrisa. Bajé el escalón de mi portal y Asha empezó a tirar de la correa, empezaba su comunicación rastreando los olores de la calle y las marcas de otros perros que osaron pasar por su camino de vuelta a casa. Tenía la mente tranquila, había sido un buen día, los clientes quedaron satisfechos con el servicio y empezaba un nuevo mes. Octubre.  Tuve un ratito para poder estudiar las finanzas y estimaba también una tranquilidad a lo largo del mes. Con esa sensación de agradecimiento de estar sintiendo que no tengo ninguna batalla que librar en este momento.  Así que dejé la llamada "mente en blanco". Cuando hago eso me da por levantar la cabeza del suelo y empezar a fijarme en los detalles del entorno.  Como había llovido casi todo el día, en el suelo estab...

Apta para ser profesora

Empiezo a sentir esa armonía dibujándose a través de una sonrisa en mi cara.  Hay momentos en silencio que siento como una ola me invade de fuerza y valentía, rompe con ganas y hace un ruido que atormenta toda debilidad que se encuentra a su alcance.  Aunque también, hay momentos en silencio de tristeza y de vacío, donde la ola que ha pasado deja una resaca latente que me hace cuestionar el sentido de mi vida.  Pero aprendo a aceptar los dos silencios. Son parte de mí y los observo con cariño.  Este lunes he alcanzado mi mayor meta académica, abriéndose paso una nueva oportunidad laboral que nunca me había planteado hasta que realicé las prácticas. Ha sido genial haberlo conseguido aunque siempre sentiré que me ha faltado una puntillita de perfección. No lo puedo evitar pero al final me rindo y me siento orgullosa gracias a mi entorno, que es quien me recuerda que ha sigo un increíble resultado para el esfuerzo que le he podido dedicar.  A mayores me acompañaba ...

Sumando semanas

Adentrándome en el mes de septiembre, los días pasan y no puedo evitar sentir una sensación extraña a veces. Supongo que es la resaca de haber vivido aun escenas muy intensas hace poco. Han pasado dos semanas con el contacto cero y creo que ahora es un momento difícil. Cuando tienes la herida abierta y ya tomas la decisión de curarla por ti misma es más fácil que cuando va pasando el tiempo y compruebas la herida que te ha dejado. Estoy catando mi vida de nuevo sin acompañante y de forma natural me vuelve a enganchar esta sensación de libertad. Incluso huyo del bullicio y de los planes constantemente para distraerme. Vuelvo a tener ganas de silencio, de calma, de no hacer nada primero y descansar. No me preocupa no hacer deporte o no estar haciendo todos los planes del mundo ahora que puedo, no. Me permito la improvisación e incluso cuando siento una sensación desagradable de tristeza o rabia o de angustia, me paro a escucharla y reflexionar porqué me siento así. Que no pasa nada... Me...

Noche de reflexión

Va a pasar una semana desde que decidí con fuerza poner punto y final a la relación. Todos los acontecimientos que me fueron acompañando desde entonces me ayudan a distraerme y a coger fuerzas en los momentos bajos. Pero siento que necesito silencio para sentir esos momentos bajos y transformarlos en una parte de mí que acepta tener. Me siento un poco novata en esto, como si me pusiera zapatos nuevos que te provocan pequeños callos.  Me siento perdida, con ganas de llorar a veces pero siempre me paro. Porque no puedo evitar tener que guardar las formas. Me sale una fuerza interior pero lucha por ocultar la debilidad.  Necesito espacio. Sé que tengo todo para crear una vida nueva sin él. Pero ansío que corra el tiempo más deprisa y quede en un recuerdo lejano. No estoy consiguiendo nada en claro. Me apetece estar sola o no? porque parece que en cuanto tengo la oportunidad de estar acompañada parece que todo gira en torno a esa persona y se genera en mi una dependencia. Porqué n...

Llegó el punto y final

Un año Ayer de noche, tirada en el suelo de su entrada, enfrente a la puerta de salida para no volver jamás. Y él sentado en el sofá del salón en silencio. Le di las gracias de corazón por hacerme vivir en este tiempo momentos increíbles de ternura y lo que le llamábamos amor. Lloré y me sentí aliviada cuando le dije que me rendía, era nuestro punto y final. Salí y tuve la grandísima suerte de poder hablar con una antigua amiga hasta las tantas de la noche, era la única persona que podría entender cada palabra de rabia, de cariño, de dolor, de esfuerzo... que me había hecho pasar esta relación. Y llegué a casa y tiré a la basura cada rastro de él, borré todo contacto y no sentía ira, ni dolor. Fue una especie de fuerza ante la decisión de que no iba a volver a pasar por aquello nunca más, por lo menos con él. Y ese fue el click para dejar ir, para meterme en cama estar tranquila porque no fui capaz de dormir casi nada y de levantarme ahora serena queriendo afrontar un nuevo día. Me da ...